Impresiones y aprendizajes de una noche en el desierto del Sahara

Desierto Merzouga

“Nadie que haya pasado un tiempo en el Sáhara es el mismo que cuando llegó. Aquí, en este paisaje enteramente mineral iluminado por estrellas como llamaradas, hasta la memoria desaparece; no queda más que la propia respiración y el sonido del corazón latiendo” – Paul Bowles.

*Escritor estadounidense que vivió en Marruecos más de 50 años.

Miro hacia el pasado para recordar mi experiencia en el Sahara y me veo totalmente reflejada en la narración de Bowles. Lo cierto es que hay algo inexplicablemente mágico en el desierto.

No solo por el viaje, sino por la experiencia en conjunto, porque tuve la oportunidad de acercarme a la cultura Amazigh (Bereber). Gracias, Hassan, por compartir tus ilusiones, tus problemas, tu historia, tu vida conmigo. Ahora voy a intentar reproducir lo que me contaste, aunque no estoy segura de poder hacerlo. De hecho, llevo un tiempo tratando de escribir esta introducción, pero parece que sigo sin encontrar las palabras correctas.

Hassan y sus viajes en el desierto

Alí nos deja en el punto de recogida con puntualidad alemana. Son las 15 horas y, pese a estar en el desierto, la temperatura es agradable, el sol no abrasa y la brisa se agradece. Ni rastro de tormenta.

Hassan, Bob Marley y Jimi Hendrix nos están esperando.

Hassa
Hassan, nuestro guía en el desierto y amigo desde entonces.
Dromedarios
Raquel con Jimi Hendrix y yo con Bob Marley.

Cada día, en el mismo lugar, ellos esperan a los turistas. Normalmente su destino es el campamento de lujo Azawad pero ese día le habíamos tocado nosotras. Así que de lujos nada.

Y aunque iba a cobrar menos (lógicamente en el lujo la paga es mayor), Hassan está contento. El día anterior había estado con una familia francesa y no lograron entenderse. “Cuando esto pasa —se lamenta— solo camino y es realmente aburrido”. A pesar de que habla perfectamente español, inglés, árabe y amazigh, y chapurrea italiano y portugués, dice que no puede aprender francés, lo ha intentado pero hay algo dentro de sí mismo que se lo impide. Hoy me pregunto por qué pero en ese momento ni me lo planteo.

El Sahara impresiona. De nuevo comparto la sensación con Paul Bowles y tomo sus palabras:

Allí, en el desierto, aún más que en el mar, tenía la impresión de que estaba sobre una gran mesa, de que el horizonte era el borde del espacio”.

Había visto muchas fotos y escuchado relatos de quienes magnificaban el desierto. Pero aquí no valen ni una imagen ni mil palabras, la realidad es insuperable.

Hassan nos guía hacia el campamento mientras nosotras, encima de los dromedarios, presas de la estupefacción, nos agarramos con una mano e intentamos (sin éxito) fotografiar la belleza del lugar. Hassan continúa hablando y haciendo preguntas. Es sumamente comunicativo y curioso. Y yo le invito a que nos cuente por qué decidió trabajar como pastor.

Trabajar con turistas es mi forma de viajar. Aquí conocemos personas de todo el mundo, ellos vienen y quieren saber cosas de ti así que tengo la oportunidad de contar mi historia, mostrar mi cultura y enseñar mi país. Y al mismo tiempo ellos me cuentan cómo es la vida en su país. Cada día es un viaje distinto, porque las personas y sus historias son diferentes”.

¿Cómo es la vida nómada?

Aunque me gusta definirme como nómada, lo cierto es que he vivido y crecido en una casa al uso y sigo teniendo una familia y muchos amigos que me acojen cada vez que decido ‘volver a casa’ entre viaje y viaje. Obviamente, nada que ver con la vida nómada del desierto.

Hassan fue nómada hasta los 5 años (ahora tiene 25). Entonces su familia decidió que sus hijos pequeños irían al colegio y se instalaron en una casa cerca de Merzouga. Sin embargo, Hassan nunca ha ido a la escuela. Él se crió en el desierto.

Hassan guía

Cuando le preguntó cómo era la vida nómada, se queda un rato en silencio, pensando. Y después de unos segundo solo consigue titubear: “Complicado de explicar”. Tenemos tiempo, le digo. Efectivamente, aún queda un rato para que lleguemos al campamento y varias horas para el atardecer. Nos paramos a descansar y él sigue pensado cómo explicarlo. Al final, tumbado en la arena, comienza a hablar:

Vida salvaje. Mi familia tenía animales, dromedarios, cabras, ovejas. Nuestra vida consistía en seguirlos todo el día, desde el primer rallo de sol hasta que ya no quedaba luz. Y viajábamos de un lugar a otro. Cuando ya no había comida para los animales, teníamos que movernos. Entonces recogíamos nuestras cosas, las colocábamos en los dromedarios y empezábamos a caminar desde la mañana hasta el atardecer. A veces caminábamos durante semanas”.

No —pienso—, no tengo absolutamente nada que ver con un nómada. Pero no lo comparto con él porque creo que son ideas absurdas. Hassan sigue contando:

La noche era para relajarse y divertirse. No teníamos televisión, pero sí un cielo precioso lleno de estrellas. Nos sentábamos alrededor del fuego y nuestros padres nos contaban historias. A veces nos enseñaban a tocar instrumentos y cantábamos juntos”.

Se ríe. Él sabe lo que nos aguarda en el campamento. Nosotras todavía no tenemos ni idea.

Asentamiento familia nómada
Asentamiento de una familia nómada actual. Desde el 2008 viven en el mismo lugar por falta de agua.

El campamento y las jaimas

Después de lo que me parece un instante pero que, según Hassan, son unas 2 horas, llegamos a nuestro hogar en el desierto. Como dije antes, nosotras no íbamos al campamento de lujo. Además, solo habíamos pagado 30 euros cada una (excursión con dromedarios, cena, noche en el desierto, vuelta a Merzouga, desayuno y ducha). Todo indicaba que sería realmente básico.

En cambio, lo que encontramos fue un campamento con tiendas individuales para cada grupo, un salón a modo de restaurante y una terraza donde tomamos el té. Tuvimos una jaima de 6 personas con baño incluido solo para nosotras dos. La tienda era más agradable y cómoda que muchos hoteles europeos.

Un pueblo en rebeldía

Llega el momento del té. Nos sentamos y Hassan nos sigue contando. Esta vez entramos en terreno más complicado: la situación sociopolítica de los amazigh (yo entonces seguí llamándolos bereber, todavía no conocía el origen despectivo de la palabra) en Marruecos. Nos explica los problemas que tienen. En concreto, lo difícil que es conseguir visados de turista. Ya ha utilizado tres cartas de recomendación en tres ocasiones diferentes para visitar España. La respuesta siempre ha sido negativa. Ya no quiere intentarlo más, está totalmente resignado.

Gracias a Hassan también conocemos la historia de Mbark Oularbi, cantautor amazigh que se pasó la vida reivindicando la identidad cultural de su pueblo, asesinado en 2010 a los 28 años. Una muerte que todavía sigue sin aclararse, aunque la teoría más reconocida es que fue envenendado para acallar su voz. Una historia desgarradora que me recuerda que el mundo es siempre igual estemos donde estemos, que el poder es despótico (a unos se les nota más que a otros) en todos los lugares de la tierra y que todos somos personas luchando por nuestros derechos.

No entiendo sus palabras, pero su música es bellísima.

Atardecer, estrellas, tambores, fuego

Y para deshacernos de la rabia, subimos a ver el atardecer. Escalar las dunas no es tan fácil como parece pero una vez arriba las vistas son maravillosas. A medida que el sol se va escondiendo, la arena del desierto cambia de color, pasando del amarillo intenso a un rojizo cada vez más oscuro.

Hasta que el día da paso a la noche y con ella otra de las maravillas del desierto. Con una contaminación lumínica prácticamente cero, observar las estrellas es una de las mejores partes de pasar la noche en el Sahara. Un momento único. Todo está en silencio, solo se escucha el sonido del viento. El frío se siente en la piel. Y sois tú y tus pensamientos.

En este momento decido que quiero vivir en el desierto, que un día no es ni de lejos suficiente, que quiero vivirlo no como turista sino como habitante.

Noche en el desierto Merzouga

“Es la hora de cenar”, nos recuerda Hassan que ha estado todo el tiempo tumbado con nosotras.

Una abundante y exquisita comida nos espera después de un largo día explorando el desierto de Merzouga. ¡El mejor tajín de verduras que probé en todo el viaje! Y eso que había probado muchos, ser vegetariana suele limitar las opciones.

Sin embargo, la noche acaba de comenzar.

Bajo un manto de estrellas, nos sentamos alrededor de la hoguera. Nuevos amigos, el sonido de los tambores y las canciones de Mbark Oularbi.

Esto es lo que hacíamos cada noche cuando éramos nómadas: tocar, cantar y bailar a la luz de las estrellas”.

Estoy realmente impresionada, ¡son buenísimos!

Hassan me pregunta si me gusta. No le contesto, solo sonrío. Creo que me brillan los ojos. Son auténticos, todos ellos. Emanan felicidad. Y a mí, su felicidad se me contagió.

Desierto Merzouga

¿Con quién contrato una noche en el desierto?
Nosotras llegamos de casualidad. Veníamos en autobús nocturno desde Fez y, para nuestra sorpresa, llegamos a Merzouga a las 5 de la mañana, 2 horas antes de lo previsto. No habíamos contratado nada. Por suerte, encontramos a Alí, dormimos en su casa y él nos organizó la excursión de una noche al desierto. Alí y Hassan son parte de Trips around Morocco, empresa que te recomiendo totalmente para contratar tu experiencia en el desierto del Sahara. No solo tendrás una noche única, sino que te sentirás parte de su propia familia. Ellos se encargarán de que tus días en Merzouga sean inolvidables.
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