California huele a casa y cómo vivir el presente

Reedwoods en California

Estos últimos días estoy aprendiendo a no pensar, a relajar la mente, a vivir el presente. Mi objetivo es concentrarme en el presente y dejar de estar preocupada constantemente por lo que fue o lo que será. Estoy decidida a disfrutar plenamente de los lugares que visito, de lo que me ocurre en cada momento, de las personas que me rodean. Y para ello he empezado a dirigir mi atención hacia el ahora. Así me he dado cuenta de que California huele a casa. Es un olor a tierra seca, a pino y a resina.

Bosque de California

Vivir el presente

Creo que lo más importante para todo viajero (y debería ser extensible para todas las personas en general) es vivir el presente. Mil veces pienso que será bastante improbable que vuelva a pasear por las calles de esta ciudad, que será altamente difícil reencontrarme con esa persona con la que compartí tantas risas. Y esto es lo bueno de viajar. Porque llegar a un lugar en el que nunca estuvimos significa llegar a un lugar en el que no tenemos ni pasado ni futuro. No somos más que observadores, invitados que tienen entrada libre para crearse un momento presente.

Sin embargo, nuestra mente sí que tiene un pasado y también cree poder construir un futuro. Y esto funciona para todos, viajeros incluidos. Soñamos. Personalmente, me ocurre muchísimo cuando hace mal tiempo, cuando llueve o tengo frío. Entonces aparece mi yo soñadora y me traslado a una playa caribeña, a cualquier lugar donde haga calor y donde mi mente cree que voy a estar mejor. Lo malo es que haciendo esto me voy perdiendo todo lo que podría aportarme este lugar. Huyendo no vamos a ganar nada, todo lo contrario.

Así que mi objetivo a medio plazo (tampoco hay que pasar de nada a todo en dos días) es aprender a apagar mis pensamientos, experimentarlo todo, tanto lo bueno como lo malo y hacerlo día a día, sin prisas. En definitiva, vivir el presente.

Aprender a no pensar

Por si os interesa el tema, os dejo las técnicas que estoy utilizando para aprender a controlar mis pensamientos. Todavía no os puedo decir si funcionan totalmente. Eso sí, de momento me están ayudando muchísimo.

Observar a nuestro ser pensante

Escuchar la voz de nuestra mente. Esto quiere decir que debemos ser conscientes de todos y cada uno de los pensamientos que tenemos. Lo más importante es que debemos hacerlo de forma imparcial, sin juzgar nada. Y es que si así lo hiciéramos, estaríamos creando un segundo ser pensante. Esto me ocurre muy a menudo. Es verdaderamente difícil estar ahí sin juzgar. Se supone que si somos conscientes de nuestros pensamientos, dejaremos de pensar de forma impulsiva y la voz compulsiva se irá calmando. Y digo se supone porque obviamente todavía no lo conseguí.

La meditación

La meditación también ayuda a dejar la mente en blanco. De hecho, su objetivo principal es este. Cada día —mejor dicho, los días que me acuerdo— me doy 5 o 10 minutos para practicar la meditación. Me siento en un lugar cómodo, con la espalda recta, cierro los ojos, pongo una imagen visual de un lugar que me haga disfrutar y me concentro en mi respiración o, mejor aún, en el sonido del océano. ¡Qué suerte que desde que empecé con la meditación no he abandonado la costa!

Ser conscientes del momento presente

De esta forma apartaremos nuestra atención de nuestros pensamientos y nos concentraremos en el ahora. Por ejemplo, cuando estoy conduciendo —estoy atravesando Estados Unidos de norte a sur por lo que paso muchas horas en el coche— pongo toda mi atención en el proceso rutinario de conducir: cómo mis brazos llevan el volante hacia la izquierda y hacia la derecha, cómo mi pie cambia entre el acelerador y el freno, cómo siento la brisa que entra por la ventana y que me pone un poco los pelos de punta.

California huele a casa

Así fue cómo me di cuenta de que California huele a casa. Intento prestar atención a cada tarea rutinaria que hago, a las percepciones sensoriales que están asociadas a aquello que hago o al lugar en el que me encuentro.

Caminando por los bosques del norte de California pensé que sería bueno utilizar el sentido del olfato. No sé si a vosotros también os pasa pero muchas veces lo dejo a un lado y me concentro en la vista. ¡Cómo no hacerlo con esos paisajes! Así que pensé que sería un buen reto utilizar la nariz para que me ayudara a apagar los pensamientos.

Bosque de California

La verdad es que no lo conseguí. Lo que conseguí fue asociar el olor de los bosques californianos con eso que llamo casa, el lugar donde crecí. Y aunque el pensamiento me ganó (ya veremos más adelante), me provocó una sensación de recuerdo feliz.

Olor a pino, a resina, a tomillo, a romero, a tierra seca sofocada por el sol. Así huele mi casa en verano. Aunque hoy mi casa está aquí.

Bosque de California

Quería compartir esta reflexión con vosotros porque muchas veces parece que viajar es solo desplazarse de un lugar a otro. Y la verdad es que es mucho más que eso. Es un trabajo personal enorme, porque quizás ahora que vivo viajando me doy cuenta de todos esos aspectos que necesito mejorar para ser feliz aquí y ahora, esté donde esté.

“Trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado, no tu enemigo”, Eckhart Tolle, autor de El Poder del ahora.
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